jueves, 4 de julio de 2019

La página 69

¿Cómo saber si un libro es bueno sin leerlo? ¿Hay que ojear la primera página? ¿La última? ¿Hay que leer la sinopsis? No: hay que leer la página 69. 


La verdad es que no tengo ni idea de si hay un truco que funcione para saber si un libro es bueno. Ni yo ni, me temo, nadie. 

Sinceramente, creo que la única forma correcta (y justa) es leer al menos las primeras veinte páginas. Es un método no patentado, poco original y 100% de mi cosecha. Es más, se me ha ocurrido hace dos milisegundos mientras escribía. Soy, lo reconozco, de los que les cuesta horrores dejar un libro aunque esté siendo un puñetero tormento.

Pero el otro día, entre otras explicaciones tan absurdas y poco fundamentadas como la mía, topé con un artículo que hablaba de la página 69. Al parecer un tal Marshall McLuhan tiene (tenía, que ya pasó a mejor vida) el método de leer únicamente la página 69 del libro. 

El tal McLuhan, contra todo pronóstico, no es un cachondo de hoy en día, era un filósofo canadiense nacido en 1911, aunque deduzco que eligió la página 69 con una intención picarona. Para los que penséis que era un Don Nadie, se le atribuye la drase (o al menos el concepto) del famosísimo "Todo el mundo tiene derecho a sus cinco minutos de gloria"

La teoría es sencilla: si la página 69 te gusta (ojo, ni la 68 ni la 70) es muy probable que el resto del libro también lo haga. Según contaba McLuhan, él mismo ha usado este método frecuentemente y raras veces le ha fallado. Qué iba a decir si es su criaturita. 

Vamos a reconocerle una cierta lógica porque se supone que a esa altura la novela ya ha entrado en el meollo de la historia y no te arriesgas a un mega spoiler. 

Para el que lo quiera comprobar, en el blog "Página 69" se aplican a esta idea, y en ella se puede encontrar, a modo de prueba, una recopilación de las páginas número 69 de multitud de libros. La teoría es, desde luego,  fácil de comprobar. Añado link y que cada uno decida.


Tras ojear el blog, he de reconocer que cerré muy molesto el enlace porque me ha sorprendió enormemente que no estuviera la página 69 de mi libro. 

Como venganza y como pequeña, modesta y ególatra aportación os dejo la página 69 de mi libro, por si anima a alguien a leer el resto. Que, para que nos vamos a engañar, es el obejtivo. 



-----------------------------------------------------

Mi primer amor era una bruja. Capítulo 16 (pag. 69) 

El clásico grito de mi padre, «¡a la mesa!», interrumpió mis pensamientos. Lucía se levantó presta en ese papel que le quedaba tan bien, el de futura nuera dispuesta a ayudar en todo lo posible, cuando la puerta de casa se abrió. Entró mi querida hermana mayor, Elena, que tenía un sensor especial para detectar el olor de los yakisobas paternos. 

Se besó con su supuesta futura cuñada y se sentó a la mesa. Elena llevaba dos años en Londres, donde estaba haciendo un máster de Programación de Big Data. Yo la imaginaba encerrada en un sótano, delante de una mesa con cuatro ordenadores, poca luz, y rodeada de tíos frikis, con barba mal cuidada y michelines por doquier. Ninguno se duchaba desde hacía días. O semanas.  

Ella se reía de mi cliché y me enviaba continuamente fotos desde su lugar de trabajo, cerca del Támesis, en la zona financiera, con vistas a la mítica Oxo Tower, junto a sus compañeros (con más chicas que chicos), algunos con aspecto de modelo. Pero daba igual los millones de imágenes que me enviara: la representación en mi mente de su trabajo era tenebrosa, oscura, y solo la podía imaginar sentada en una silla incómoda, en el centro de una habitación oscura, con un único fluorescente que parpadeaba molestamente. 


El miedo a decir... ¡A maquetar!

Escribir un libro es relativamente fácil para los que nos gusta contarle, con más o menos gracia, historias a un papel en blanco. Te sient...