sábado, 1 de junio de 2019

Los “te tengo en la lista de pendientes” contra los “¿me lo dedicarás?” Una lucha desigual.



Cuando estudiaba medicina me explicaron un chascarrillo de esos que en el mundo de lo políticamente incorrecto sería imposible. A los médicos de antaño, recién licenciados, se les vacilaba con que sus primeros clientes serían las tres pes: parientes, putas y pobres. Eso debía ser hace un siglo porque ahora los pobres incautos que sufren nuestra inexperiencia son pacientes normales: en mi caso en las urgencias de la Vall d´Hebron, algo más típico y menos novelesco.  

Los años pasaron y de tener que visitar a mis primeros pacientes pasé a buscar a mis primeros lectores que uno, en su inocencia, cree que tiene asegurados. Las tres pes del médico tienen su equivalente literario en  el tradicional familia y amigos, el “family and friends”. 



Sin ninguna duda, una vez el libro ya está acabado, maquetado, con su portada y recién lanzado, esperas que sean tu familia y tus amigos los primeros en ir a la librería (real o en mi caso la imaginaria, que es Amazon)  comprar el libro, devorarlo y hacerte propaganda. Ese famoso boca a boca o, más moderno, ese instagram a instagram, que convertirá tu libro en viral y te llevará a la riqueza y la popularidad. 

En tu sueño lo ves claro, todos tus amigos entran a las librerías como si fueran zombies en busca de humanos, caminando de un lado para otro hasta que encuentran tu libro, o colapsan la web de Amazon con sus peticiones como hacen los adolescentes con youtube el día que sale el nuevo vídeo de BTS.

Son tu baza segura porque te quieren tanto que, en el fondo, lo literario les importa entre poco y nada. Tu nombre en la portada es el mejor reclamo. 

Cualquier nueva experiencia de la vida en que tenemos que interactuar con nuestros semejantes, aumenta nuestro conocimiento de la raza humana. Descubrimos lo que hacen nuestros seres más cercanos: aquellas personas a las que quieres, o a las que odias, o con las que simplemente tienes un trato de la más absoluta indiferencia (las más). Y, lo que es más importante, las que crees que te quieren, te odian, o para las que no existes. 

La experiencia de escribir un libro te llega a conocer mejor a tus amigos y conocidos. Sin duda uno de los momentos más reconfortantes es cuando a los pocos días de lanzar tu libro un primo lejano o una amiga del colegio, de esas a las que solo ves en una de esas cenas bianuales que cuesta tanto montar, te envía una foto con la cerveza y el libro, un domingo por la mañana.

Solo que hayan corrido a comprárselo es el primer triunfo. Impagable. Querría dar las gracias a muchas personas que tienen el libro en su estantería simplemente porque es mío. Si además (como me han dicho la mayoría) les ha gustado (o encantado), espectacular. Como lo de jugar al póker y ganar.

Quizás porque soy de los que tras conocer a Natalia Rodríguez y enterarme de que escribía me fui a comprar su magnifico “Viatjant amb centres” o me llevé de veraneo el más que entretenido “Lo que la ciudad esconde” de Pablo Caralps (al que supuestamente solo me unen varios eventos montados por su primo, uno de mis mejores amigos) o leí con ganas «El hombre del sombrero de ala ancha» de Juan Bahima, un ex paciente que es un amigo aunque no lo vea nunca (la rabia que me dio no llegar este año a su parada en Sant Jordi…)

Me parece lógico (en esa lógica tan idiota y egocéntrica que se basa en que es lo que tú lo harías) y, a la vez, lo agradezco sinceramente. 

Pero como el yin y el yan o la fuerza y el reverso tenebroso, siempre toda sonrisa tiene su mueca de disgusto a pocos metros. Siempre hay sorpresas desagradables, de esas que hacen que los ojos se te pongan tristones. Hace poco una persona a la que quiero mucho (y que lee), me soltó que “me tenía en su lista de pendientes”. Creo que la frase fue en mi “Wish list” que queda más cool. Otra me dijo, como quien no quiere la cosa que tenía muchos libros para leer pendientes, pero que el mío estaba en la cola. Bastantes siguen esperando a que se lo regale... 

Podría explicar varios detalles semejantes o añadir a otras personas que han ignorado el tema de que su (poned aquí familiar, amigo, ex, compañero de trabajo) haya escrito un libro. En unas piensas simplemente «curioso» y, en otras te llevas un disgusto, de los pqeuaños, pero de los de toda la vida. 

Sé que pensaréis que es un post un poco tristón pero no, es agridulce, como casi todo en la vida. 

Finalizo la parte ceniza con dos comentarios. El primero es que estoy totalmente en contra de la felicidad aparente, del qué bonito constante, de dar esa imagen de vida de instagram entre comidas despampanantes y playas cristalinas. De vez en cuando me gusta explicar algo de mi vida y decir «esto ha sido triste, duro, malo» porque posiblemente los que leéis esas líneas me veáis más humano. La perfección en los demás nos deprime, así que un par de lagrimillas en mis ojos, mezcladas con una gran felicidad, igual os anime al ver que la vida de los demás tiene claroscuros como la vuestra. Lo sé, voy contracorriente. 

Como dijo el gran poeta, y antes progresista, Serrat: «nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio». 

Pero acabaré con la parte dulce, con la que sin duda me quedo y que supera con creces a la agria. Como todos los agradecimientos serán injustos porque todo el mundo no cabe no pongo nombres. A los amigos que encargaron el libro por Amazon o a esos pacientes (destacar a mi Rosi pero han sido muchos) que en cuanto se han enterado han comprado el libro y lo han traído para que lo firme. Gracias a todos por vuestro cariño.  Y por vuestras felicitaciones porque, al pareccer, os ha encantado. 

No solo comprarlo, la cantidad de personas que lo han traído para que se lo dedique, como si mi firma le diera un valor sentimental aumentado, hacen que valga la pena el esfuerzo. 

No sé si es cierto que una imagen vale más que mil palabras pero  hay una foto que es la que mejor refleja lo querido que me he sentido por muchos. Mi Moni, a la que hacía años que no veía, recorrió media Barcelona para comprar el libro y que se lo dedicara en el último Sant Jordi. Solo por este gesto ya valió la pena escribirlo. 

Gracias a todos. 



Y, como no, para los que no lo hayáis leido aún, os dejo el link para comprar mi libro.

https://www.amazon.es/primer-amor-era-una-bruja/dp/1728780691


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