Serotonina, Michel Houellebecq
Bienvenidos al universo Houellebecq, el rey del cinismo, del pesimismo, de la literatura distópica del Siglo XXI.
De entrada, los que seáis personas sensibles que necesitéis un libro que os regale una dosis extra de optimismo, que os ayude a pensar que todo va a ir bien, ni os acerquéis. Si sois amantes de lo políticamente correcto, de aquellos que veis machismo por todas partes, aplicaos el mismo consejo: en este libro hay varias frases de aquellas que piensas «qué bestia».
Houellebecq es un escritor fácilmente reconocible porque sabes que en sus libros nada puede salir bien: en ocasiones todo es un desastre, pero destila cierta alegría, a veces se ve un poco de luz al final del túnel hasta que viene el tren y te atropella, y en otras es todo tan tenebroso que dan ganas de cortarse las venas a mitad del libro.
Pero como no soy de los que necesita optimismo extra y, además, me encanta el género distópico, es uno de mis escritores favoritos.
La distopía de Michel Houellebecq no es del mismo estilo que las del «1984» de Orwell o «Un mundo feliz» de Huxley, ambas poco creíbles, al menos cuando se publicaron. En el mundo gris y tenebroso de Michel vemos lo peor de nuestra sociedad: en cada libro se adivinan las amenazas que se ciernen sobre nosotros.
Si repasamos sus magníficos «Las partículas elementales», «La posibilidad de una isla», «El Mapa y el territorio», «Plataforma» o «Sumisión» todos tienen una cosa en común: el asco que el autor desprende por el mundo (o eso parece)
Todos sus libros me han encantado, aunque a veces haya que soportar ciertos excesos en las descripciones de su amada Francia o de El Cabo de Gata (en algún libro hacía, reconocido por él, un corta y pega de wikipedia y a tomar viento) que son absolutamente obviables.
Pero vamos a por su último libro, intentando no hacer spoilers.
Serotonina
Houellebecq describe desde el cinismo de un depresivo de 46 años, sin ganas de vivir, una Francia devastada por la globalización (escogiendo como ejemplo la destrucción del sector agrario), una sociedad en las que el amor siempre pierde y donde ya ni el sexo nos sirve de consuelo (en este caso el sexo se presenta en el recuerdo del protagonista, porque gracias a los antidepresivos ya no es que no se le levante, es que no le queda ni el deseo)
En este libro encontraremos zoofilia, sexo en grupo, depresión e ideas suicidas a troche y moche. Un amor este Houellebecq.
La primera página del libro es espectacular, con un inicio del libro (esa primera frase tan difícil de escribir y que atrapa o no al lector) maravilloso: “Es un comprimido pequeño, blanco, ovalado, divisible” y “Los efectos indeseables observados con mayor frecuencia con Captorix, eran las náuseas, la desaparición de la libido, la impotencia. Yo nunca había sufrido náuseas.”
El libro narra la vida de un depresivo que decide dejar su vida en la sociedad y pasar el tiempo escondido, sin ningún tipo de ilusión, tonteando con el suicidio y recordando lo que había sido su vida cuando se mezclaba con otros humanos: sus parejas y su único amigo (de la juventud, claro)
Houellebecq siempre asienta sus libros en dos pilares. El primero estaría ocupado por la crítica a la sociedad en forma de juicio a los psiquiatras, al tratamiento antidepresivo, al abandono del sector agrario por parte de Francia y a la frialdad de las relaciones interpersonales. El segundo pilar es, como no, el sexo: la ausencia de sexo, o las perversiones de sus parejas o de los otros personajes con los que se va cruzando, incluyendo la pederastia y la zoofilia, a las que no deja de mirar entre la indiferencia y la crítica muy suave.
El libro tiene un cénit terrible, casi al final, el típico giro inesperado (que no pienso contar) y que deja a las claras la lucha entre bien y mal dentro de una persona, o de lo que queda de ella.
El estilo de escritura es curioso. Poco estructurado, con frases interminables, separadas con muchas comas, dos puntos, y punto y coma, que consiguen transmitir una cierta fuga de ideas, un peculiar desorden mental que cuadra con el perfil del protagonista (el libro está narrado en primera persona).
Así que, a los que ya sois lectores de Houellebecq, no os defraudará aunque no es su mejor obra, y para los que no lo conozcáis y seáis un poco duros de espíritu, no es mal libro para que os presenten.
