domingo, 1 de marzo de 2020

El miedo a decir... ¡A maquetar!

Escribir un libro es relativamente fácil para los que nos gusta contarle, con más o menos gracia, historias a un papel en blanco. Te sientas en la mesa, abres el ordenador (lo del bolígrafo y el papel hoy en día es, simplemente, una metáfora) y empiezas a narrar una escena tras otra: a veces sabes sin lugar a dudas como irá todo, desde el principio hasta el final y otras solo sabes el inicio, lanzándote al vacío, confiando que los personajes no te dejen colgado a medio viaje y te lleven a buen puerto. 

Una vez acabas la historia y ya has contado lo que llevas dentro, un proceso francamente divertido, viene un trabajo lento y tedioso; el de las correcciones. Volver a leer una y otra vez lo que has escrito, en colaboración con tus lectores alfas, es un proceso terriblemente farragoso. Ahí lo de disfrutar es ciencia ficción...

Porque, a pesar de que leas un capítulo cien veces, la número ciento uno descubres un fallo de congruencia en la historia (llámase problema cronológico en el que el protagonista nació en 1995 pero ahora tiene 29 años, llámese que a Pepito, un secundario de poca monta, lo describías en la página 14 como alto y en la 167 como bajo), un acento mal puesto o una frase que ni tú sabes que diantre significa. ¿Estaría borracho cuando la escribí? y, especialmente ¿en qué piensan mis lectores alfa que la han dado por buena?   

Esta parte, aplicable supongo al final de todo proceso creativo, es agotadora, y, en muchas ocasiones, enlentece más que la propia escritura del libro la fecha de publicación.  O al menos a mí me ha sucedido así en las dos ocasiones... 

Porque la pregunta del millón es ¿hay un momento en el que lees tu libro y te parece que está perfecto? Y no solo hablo de la pesadilla de publicar algo con errores gramaticales u ortográficos, algo que nos pueda pasar a todos los que no tenemos profesionales de altísimo nivel que te garanticen una corrección como si fuera la RAE en persona. 

¿Me hubiera quedado mejor el capítulo tres un poco más corto? ¿Me falta otro personaje secundario? ¿Me he precipitado en el final y he finiquitado el libro de forma demasiado abrupta? ¿He descrito poco los personajes? ¿Los he descrito demasiado? ¿Realmente el título es el mejor?

Un problema que tuve con el primer libro que escribí (no editado, aún guardadito en la carpeta de "icloud-documentos-libros-nicontigonisintinisinmi") es que nunca consideraba que estaba perfecto. Cada vez que lo leía encontraba una frase que podía ser escrita de forma más brillante, un concepto médico que se podía explicar más extensamente o un secundario que tenía que tener más peso.

El libro en cuestión lleva como tres años supuestamente acabado, pudriéndose en mi ordenador porque cada vez que lo reviso me parece magnífico pero no perfecto. Cada vez que pienso en él me da la sensación de que, de tanto corregirlo, lo he empeorado. Hasta el título, que era La del pirato cojo en referencia a la canción de Sabina lo tuve que cambiar porque nadie entendía el paralelismo con la historia (que no va ni de piratas ni de cojos). Algún día saldrá a la luz con su nombre actual Ni contigo, ni sin ti, ni sin mí, o con cualquier otro que me parezca mejor. 

Así que, de momento, a pesar de que está más que acabado, no ha recibido el pistoletazo de salida que es cuando le pides al editor que maquete el libro. 

Una vez que le das al botón de "enviar a maquetar", ya no hay vuelta atrás y, como aquellos días en que sales de casa convencido de que te has olvidado las llaves, los donuts, la cartera o un hijo, es imposible, justo en el momento de enviarlo pensar... "Igual lo tendría que haber repasado una vez más"

Esa es la sensación que tuve esta semana cuando Lo que ocurrió tras el funeral de mi madre dejó de ser una historia modificable y pasó a ser pasto de la maquetación.



Podría ser poco original y decir algo estilo alea jacta est pero creo que, muchísimo mejor, lo que voy a hacer es releer de forma obsesiva el post para comprobar que está perfecto, lo colgaré y después.... veré diez gazapos que me avergonzaran toda la vida. 

viernes, 13 de septiembre de 2019

100 estrellas en Amazon


La autoedición en un camino largo y tortuoso, lleno de curvas y momentos de desesperación. Querer que tu libro se lea y tener que publicitarlo tu mismo sin caer en la pedantería es, como mínimo, un imposible. Pero, esta vez, me doy un homenaje. 100 estrellas en 20 críticas en Amazon, todo un strike de crítica literaria. 


De entre los muchos caminos que conducen al éxito de ventas-lectores hoy hablaremos de las estrellas de Amazon. 


Una planta más a la que regar dentro del todo "lo que hay que hacer" para vender libros como churros, en especial en el mundo de la autoedición. Esos imprescindibles que lees en los blogs y que necesitan varias vidas de dedicación para completar la lista. 

Todos hemos interiorizado en los últimos años los sistemas de valoración, sea con caritas contentas y tristes (como los gomets del cole) o con las ya clásicas 5 estrellas que se nos pide en prácticamente cualquier actividad de nuestra vida diaria; desde un restaurante a un hotel, pasando por una película, la atención del médico o la eficiencia y simpatía del técnico del gas.

Los que tengáis un trabajo de cara al público sabréis de la importancia que se le da al sistema de valoración del cliente, el famoso NPS o cualquier otra escala similar. Es la cultura de la evaluación continuada en la que tenemos que dar nuestra opinión de todo y a todas horas y ser evaluados por todos, por todo y a todas horas.  Exigimos que, aunque el pobre trabajador no llegue a mileurista y nos atienda bajo el tórrido solo de agosto, nos atienda con una sonrisa.

Si vendes en Amazon los lectores te evalúan mediante estrellas. De 1 (horroroso) a 5 (espectacular). Se supone que es importante para que tu libro se venda mejor, como lo es estar en la  clasificación de libros más vendidos.

No sí si una buena puntuación ayuda a vender, pero, sin duda, lo debe hacer en la negativa. Cuando buscas un libro puedes filtrar la selección por "4 estrellas o más" así que, si estás por debajo del cuatro de media, estás muerto. O no... 

Cualquiera que tenga una cuenta y compre en Amazon (aunque no haya comprado tu libro) te puede valorar y poner su comentario. Si has comprado el libro por Amazon añaden un "compra verificada" que da como un toque de más seriedad al comentario. Y, además de las estrellas, pueden regalar su comentario.

Esto provoca un cierto "efecto mendigo" en el que les vas pidiendo a los lectores que conoces que te pongan las 5 estrellas, ese terrible "dadle al like si os gusta el video" con el que empiezan muchos youtubers. Todo muy triste.

Este post es para celebrar que "Mi primer amor era una bruja" ha llegado a las 100 estrellas en 20 comentarios: por tanto, tiene un inmejorable 5.0 estrellas media. Un 10 de toda la vida, impecable. Un hito que no conseguí en el cole o la facultad. 


Como si fuera uno de esos empollones del cole, de los que llevaban gafas de culo se vaso y saben todas y cada una de las respuestas de las preguntas más inverosímiles con las que nos atacaban los profesores, mi pequeño enjendro “Mi primer amor era una bruja”, ha llegado al 100/100, en este caso el 5.0.

El 100 siempre ha sido un número mágico, positivo, una especie de archienemigo del 13, que representaría el mal. Así que felicidad sin límite pero...  ¿es mucho un 100/100 o sea un está en las manos de cualquiera? 

Citemos a la competencia, "Todo lo que sucedió con Miranda Huff" tiene un 4.4 sobre 5, el mítico "1984" un 4,6, el clásico "El guardián entre el centeno" un 3.9, superada por un 4.0 por el simplón "El abuelo que saltó por la ventana y se marchó". Vamos, que según los lectores la del anciano escapista es mejor que la de Salinger...

Pero nos fijaremos en un superventas donde los haya, el último bombazo mundial de los mundos de la infra-literatura "50 sombras de Grey" que tiene una valoración de... 3.1 !!!! Así que, esto debe ser como lo del tamaño, que tampoco importa tanto. 

En resumen, que el público, como el socio del Barça, es soberano, así que vamos a disfrutar, mientras dure, de estar por encima de clásicos y best sellers.  
ç

Y por último, para terminar el post, los dos clásicos.
El enlace para que leáis mi querido libro y una petición.. ¡¡¡¡ DADME LAS .....  5 ESTRELLAS!!!!



jueves, 4 de julio de 2019

La página 69

¿Cómo saber si un libro es bueno sin leerlo? ¿Hay que ojear la primera página? ¿La última? ¿Hay que leer la sinopsis? No: hay que leer la página 69. 


La verdad es que no tengo ni idea de si hay un truco que funcione para saber si un libro es bueno. Ni yo ni, me temo, nadie. 

Sinceramente, creo que la única forma correcta (y justa) es leer al menos las primeras veinte páginas. Es un método no patentado, poco original y 100% de mi cosecha. Es más, se me ha ocurrido hace dos milisegundos mientras escribía. Soy, lo reconozco, de los que les cuesta horrores dejar un libro aunque esté siendo un puñetero tormento.

Pero el otro día, entre otras explicaciones tan absurdas y poco fundamentadas como la mía, topé con un artículo que hablaba de la página 69. Al parecer un tal Marshall McLuhan tiene (tenía, que ya pasó a mejor vida) el método de leer únicamente la página 69 del libro. 

El tal McLuhan, contra todo pronóstico, no es un cachondo de hoy en día, era un filósofo canadiense nacido en 1911, aunque deduzco que eligió la página 69 con una intención picarona. Para los que penséis que era un Don Nadie, se le atribuye la drase (o al menos el concepto) del famosísimo "Todo el mundo tiene derecho a sus cinco minutos de gloria"

La teoría es sencilla: si la página 69 te gusta (ojo, ni la 68 ni la 70) es muy probable que el resto del libro también lo haga. Según contaba McLuhan, él mismo ha usado este método frecuentemente y raras veces le ha fallado. Qué iba a decir si es su criaturita. 

Vamos a reconocerle una cierta lógica porque se supone que a esa altura la novela ya ha entrado en el meollo de la historia y no te arriesgas a un mega spoiler. 

Para el que lo quiera comprobar, en el blog "Página 69" se aplican a esta idea, y en ella se puede encontrar, a modo de prueba, una recopilación de las páginas número 69 de multitud de libros. La teoría es, desde luego,  fácil de comprobar. Añado link y que cada uno decida.


Tras ojear el blog, he de reconocer que cerré muy molesto el enlace porque me ha sorprendió enormemente que no estuviera la página 69 de mi libro. 

Como venganza y como pequeña, modesta y ególatra aportación os dejo la página 69 de mi libro, por si anima a alguien a leer el resto. Que, para que nos vamos a engañar, es el obejtivo. 



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Mi primer amor era una bruja. Capítulo 16 (pag. 69) 

El clásico grito de mi padre, «¡a la mesa!», interrumpió mis pensamientos. Lucía se levantó presta en ese papel que le quedaba tan bien, el de futura nuera dispuesta a ayudar en todo lo posible, cuando la puerta de casa se abrió. Entró mi querida hermana mayor, Elena, que tenía un sensor especial para detectar el olor de los yakisobas paternos. 

Se besó con su supuesta futura cuñada y se sentó a la mesa. Elena llevaba dos años en Londres, donde estaba haciendo un máster de Programación de Big Data. Yo la imaginaba encerrada en un sótano, delante de una mesa con cuatro ordenadores, poca luz, y rodeada de tíos frikis, con barba mal cuidada y michelines por doquier. Ninguno se duchaba desde hacía días. O semanas.  

Ella se reía de mi cliché y me enviaba continuamente fotos desde su lugar de trabajo, cerca del Támesis, en la zona financiera, con vistas a la mítica Oxo Tower, junto a sus compañeros (con más chicas que chicos), algunos con aspecto de modelo. Pero daba igual los millones de imágenes que me enviara: la representación en mi mente de su trabajo era tenebrosa, oscura, y solo la podía imaginar sentada en una silla incómoda, en el centro de una habitación oscura, con un único fluorescente que parpadeaba molestamente. 


sábado, 1 de junio de 2019

Los “te tengo en la lista de pendientes” contra los “¿me lo dedicarás?” Una lucha desigual.



Cuando estudiaba medicina me explicaron un chascarrillo de esos que en el mundo de lo políticamente incorrecto sería imposible. A los médicos de antaño, recién licenciados, se les vacilaba con que sus primeros clientes serían las tres pes: parientes, putas y pobres. Eso debía ser hace un siglo porque ahora los pobres incautos que sufren nuestra inexperiencia son pacientes normales: en mi caso en las urgencias de la Vall d´Hebron, algo más típico y menos novelesco.  

Los años pasaron y de tener que visitar a mis primeros pacientes pasé a buscar a mis primeros lectores que uno, en su inocencia, cree que tiene asegurados. Las tres pes del médico tienen su equivalente literario en  el tradicional familia y amigos, el “family and friends”. 



Sin ninguna duda, una vez el libro ya está acabado, maquetado, con su portada y recién lanzado, esperas que sean tu familia y tus amigos los primeros en ir a la librería (real o en mi caso la imaginaria, que es Amazon)  comprar el libro, devorarlo y hacerte propaganda. Ese famoso boca a boca o, más moderno, ese instagram a instagram, que convertirá tu libro en viral y te llevará a la riqueza y la popularidad. 

En tu sueño lo ves claro, todos tus amigos entran a las librerías como si fueran zombies en busca de humanos, caminando de un lado para otro hasta que encuentran tu libro, o colapsan la web de Amazon con sus peticiones como hacen los adolescentes con youtube el día que sale el nuevo vídeo de BTS.

Son tu baza segura porque te quieren tanto que, en el fondo, lo literario les importa entre poco y nada. Tu nombre en la portada es el mejor reclamo. 

Cualquier nueva experiencia de la vida en que tenemos que interactuar con nuestros semejantes, aumenta nuestro conocimiento de la raza humana. Descubrimos lo que hacen nuestros seres más cercanos: aquellas personas a las que quieres, o a las que odias, o con las que simplemente tienes un trato de la más absoluta indiferencia (las más). Y, lo que es más importante, las que crees que te quieren, te odian, o para las que no existes. 

La experiencia de escribir un libro te llega a conocer mejor a tus amigos y conocidos. Sin duda uno de los momentos más reconfortantes es cuando a los pocos días de lanzar tu libro un primo lejano o una amiga del colegio, de esas a las que solo ves en una de esas cenas bianuales que cuesta tanto montar, te envía una foto con la cerveza y el libro, un domingo por la mañana.

Solo que hayan corrido a comprárselo es el primer triunfo. Impagable. Querría dar las gracias a muchas personas que tienen el libro en su estantería simplemente porque es mío. Si además (como me han dicho la mayoría) les ha gustado (o encantado), espectacular. Como lo de jugar al póker y ganar.

Quizás porque soy de los que tras conocer a Natalia Rodríguez y enterarme de que escribía me fui a comprar su magnifico “Viatjant amb centres” o me llevé de veraneo el más que entretenido “Lo que la ciudad esconde” de Pablo Caralps (al que supuestamente solo me unen varios eventos montados por su primo, uno de mis mejores amigos) o leí con ganas «El hombre del sombrero de ala ancha» de Juan Bahima, un ex paciente que es un amigo aunque no lo vea nunca (la rabia que me dio no llegar este año a su parada en Sant Jordi…)

Me parece lógico (en esa lógica tan idiota y egocéntrica que se basa en que es lo que tú lo harías) y, a la vez, lo agradezco sinceramente. 

Pero como el yin y el yan o la fuerza y el reverso tenebroso, siempre toda sonrisa tiene su mueca de disgusto a pocos metros. Siempre hay sorpresas desagradables, de esas que hacen que los ojos se te pongan tristones. Hace poco una persona a la que quiero mucho (y que lee), me soltó que “me tenía en su lista de pendientes”. Creo que la frase fue en mi “Wish list” que queda más cool. Otra me dijo, como quien no quiere la cosa que tenía muchos libros para leer pendientes, pero que el mío estaba en la cola. Bastantes siguen esperando a que se lo regale... 

Podría explicar varios detalles semejantes o añadir a otras personas que han ignorado el tema de que su (poned aquí familiar, amigo, ex, compañero de trabajo) haya escrito un libro. En unas piensas simplemente «curioso» y, en otras te llevas un disgusto, de los pqeuaños, pero de los de toda la vida. 

Sé que pensaréis que es un post un poco tristón pero no, es agridulce, como casi todo en la vida. 

Finalizo la parte ceniza con dos comentarios. El primero es que estoy totalmente en contra de la felicidad aparente, del qué bonito constante, de dar esa imagen de vida de instagram entre comidas despampanantes y playas cristalinas. De vez en cuando me gusta explicar algo de mi vida y decir «esto ha sido triste, duro, malo» porque posiblemente los que leéis esas líneas me veáis más humano. La perfección en los demás nos deprime, así que un par de lagrimillas en mis ojos, mezcladas con una gran felicidad, igual os anime al ver que la vida de los demás tiene claroscuros como la vuestra. Lo sé, voy contracorriente. 

Como dijo el gran poeta, y antes progresista, Serrat: «nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio». 

Pero acabaré con la parte dulce, con la que sin duda me quedo y que supera con creces a la agria. Como todos los agradecimientos serán injustos porque todo el mundo no cabe no pongo nombres. A los amigos que encargaron el libro por Amazon o a esos pacientes (destacar a mi Rosi pero han sido muchos) que en cuanto se han enterado han comprado el libro y lo han traído para que lo firme. Gracias a todos por vuestro cariño.  Y por vuestras felicitaciones porque, al pareccer, os ha encantado. 

No solo comprarlo, la cantidad de personas que lo han traído para que se lo dedique, como si mi firma le diera un valor sentimental aumentado, hacen que valga la pena el esfuerzo. 

No sé si es cierto que una imagen vale más que mil palabras pero  hay una foto que es la que mejor refleja lo querido que me he sentido por muchos. Mi Moni, a la que hacía años que no veía, recorrió media Barcelona para comprar el libro y que se lo dedicara en el último Sant Jordi. Solo por este gesto ya valió la pena escribirlo. 

Gracias a todos. 



Y, como no, para los que no lo hayáis leido aún, os dejo el link para comprar mi libro.

https://www.amazon.es/primer-amor-era-una-bruja/dp/1728780691


sábado, 16 de marzo de 2019

Serotonina, Houellebecq en estado puro.

Serotonina, Michel Houellebecq 


Bienvenidos al universo Houellebecq, el rey del cinismo, del pesimismo, de la literatura distópica del Siglo XXI. 

De entrada, los que seáis personas sensibles que necesitéis un libro que os regale una dosis extra de optimismo, que os ayude a pensar que todo va a ir bien, ni os acerquéis. Si sois amantes de lo políticamente correcto, de aquellos que veis machismo por todas partes, aplicaos el mismo consejo: en este libro hay varias frases de aquellas que piensas «qué bestia».


Houellebecq es un escritor fácilmente reconocible porque sabes que en sus libros nada puede salir bien: en ocasiones todo es un desastre, pero destila cierta alegría, a veces se ve un poco de luz al final del túnel hasta que viene el tren y te atropella, y en otras es todo tan tenebroso que dan ganas de cortarse las venas a mitad del libro. 
Pero como no soy de los que necesita optimismo extra y, además, me encanta el género distópico, es uno de mis escritores favoritos. 

La distopía de Michel Houellebecq no es del mismo estilo que las del «1984» de Orwell o «Un mundo feliz»  de Huxley, ambas poco creíbles, al menos cuando se publicaron. En el mundo gris y tenebroso de Michel vemos lo peor de nuestra sociedad: en cada libro se adivinan las amenazas que se ciernen sobre nosotros. 

Si repasamos sus magníficos «Las partículas elementales», «La posibilidad de una isla», «El Mapa y el territorio», «Plataforma» o «Sumisión» todos tienen una cosa en común: el asco que el autor desprende por el mundo (o eso parece) 

Todos sus libros me han encantado, aunque a veces haya que soportar ciertos excesos en las descripciones de su amada Francia o de El Cabo de Gata (en algún libro hacía, reconocido por él, un corta y pega de wikipedia y a tomar viento) que son absolutamente obviables. 

Pero vamos a por su último libro, intentando no hacer spoilers. 

Serotonina


Serotonina nos sumerge en el mundo tenebroso, depresivo, sexualmente asexual y predestinado de Houellebecq. 

Houellebecq describe desde el cinismo de un depresivo de 46 años, sin ganas de vivir, una Francia devastada por la globalización (escogiendo como ejemplo la destrucción del sector agrario), una sociedad en las que el amor siempre pierde y donde ya ni el sexo nos sirve de consuelo (en este caso el sexo se presenta en el recuerdo del protagonista, porque gracias a los antidepresivos ya no es que no se le levante, es que no le queda ni el deseo)  

En este libro encontraremos zoofilia, sexo en grupo, depresión e ideas suicidas a troche y moche. Un amor este Houellebecq.

La primera página del libro es espectacular, con un inicio del libro (esa primera frase tan difícil de escribir y que atrapa o no al lector) maravilloso: “Es un comprimido pequeño, blanco, ovalado, divisible” y “Los efectos indeseables observados con mayor frecuencia con Captorix, eran las náuseas, la desaparición de la libido, la impotencia. Yo nunca había sufrido náuseas.”

El libro narra la vida de un depresivo que decide dejar su vida en la sociedad y pasar el tiempo escondido, sin ningún tipo de ilusión, tonteando con el suicidio y recordando lo que había sido su vida cuando se mezclaba con otros humanos: sus parejas y su único amigo (de la juventud, claro) 

Houellebecq siempre asienta sus libros en dos pilares. El primero estaría ocupado por  la crítica a la sociedad en forma de juicio a los psiquiatras, al tratamiento antidepresivo, al abandono del sector agrario por parte de Francia y a la frialdad de las relaciones interpersonales. El segundo pilar es, como no, el sexo: la ausencia de sexo, o las perversiones de sus parejas o de los otros personajes con los que se va cruzando, incluyendo la pederastia y la zoofilia, a las que no deja de mirar entre la indiferencia y la crítica muy suave. 

El libro tiene un cénit terrible, casi al final, el típico giro inesperado (que no pienso contar) y que deja a las claras la lucha entre bien y mal dentro de una persona, o de lo que queda de ella. 

El estilo de escritura es curioso. Poco estructurado, con frases interminables, separadas con muchas comas, dos puntos, y punto y coma, que consiguen transmitir una cierta fuga de ideas, un peculiar desorden mental que cuadra con el perfil del protagonista (el libro está narrado en primera persona).


Así que, a los que ya sois lectores de Houellebecq, no os defraudará aunque no es su mejor obra, y para los que no lo conozcáis y seáis un poco duros de espíritu, no es mal libro para que os presenten.

sábado, 9 de marzo de 2019

Mi primer libro.

Como bien sabéis los que sois family and friends o los que me seguís por una de esas cosas etéreas llamada redes sociales, hace un par de meses saqué mi primer libro, «Mi primer amor era una bruja», en autoedición a través de Amazon. 


Empezaré por decir que no es el primer libro, es el primero publicado. Desde hace años mis esfuerzos literarios estaban repartidos entre mi otro blog (Opinando de todo un poco) que abandoné, por razones varias, y una novela «La del pirata cojo», provisional, un libro bastante más completo que «Mi primer amor era una bruja», aunque más «difícil de leer».

«Mi primer amor era una bruja» empieza como una broma, a través de una anécdota personal que me hace imaginar la historia (no cuento más para no incurrir en el terrible delito de hacer spoiler), y, capítulo a capítulo, toma forma de libro. Sale fácil y lo escribo en pocos meses, a tiempo parcial. 

Como la mayoría de autores (creo) se lo pasé a familiares y amigos para que lo leyeran, esos lectores alfa o lectores cero que merecen post aparte, con aparente unanimidad: es simpático, se lee de tirón y entretiene. 

Es un libro divertido, ameno, fácil de leer. En algún post de mi otro blog, en el que hablaba de los libros que había leído en los últimos meses, utilizaba un concepto que es el de «buen libro para leer en verano, lo seguiréis fácil aunque tengáis tres niños chillando en la piscina, a cinco metros». 

Este libro es así y no es nada más (y nada menos) que eso, un divertimento. Quien busque otra cosa (un libro sobre la filosofía de la vida, profundísimo, de los que has de releer una y otra vez para ver todos los recovecos que esconde el texto) que no lo lea. Pero a quien quiera pasar un rato entretenido, le encantará. Al menos esa es mi idea, que coincide con las críticas que he recibido. 

Pero no solo quiero hablar de mi libro en este blog (correría el riesgo de caer en el terrible autobombo y su amiguito, el odioso spam). Enfrentarte a lanzar tu obra es más, mucho más, que escribirla. Buscar un título (durante un tiempo barajamos un más directo «Era una bruja») y una portada «que vendan», acertar con el corrector de estilo, decidir si haces autoedición o empiezas la travesía del desierto por las editoriales y, lo peor, el marketing (especialmente en la susodicha autoedición), en el que hay que tener mucho cuidado para no traspasar la línea fina que separa el «darte a conocer» y «ser un plasta del spam». Si además vienes de otro sector (la medicina en mi caso), poco donde apoyarte salvo el mundo virtual de las tres w. 

Así que como en todos los post de marketing para escritores hablan de que hay que tener un blog, y soy muy obediente, empiezo hoy un nuevo proyecto, que espero que sea una forma de comunicarme con las personas (pocas o muchas) que me leen y de compartir experiencias con todos aquellos a los que nos ha dado por escribir un libro. O sea, lo que hace todo el mundo, pero a mi manera. 

En las próximas semanas haré pequeños post con todo lo que conlleva escribir y lanzar un libro, desde el punto de vista del ilusionado mega novato no profesional y más cosas: críticas de los libros que he leído, alguna colaboración con algún escritor amigo, algún relato corto, lo que vaya saliendo. 

Espero que os guste. 

Y si, ya puestos, a alguien se la ha abierto el gusanillo, estos son los links para comprar «Mi primer amor era una bruja», de momento en Amazon (donde está disponible en kindle, kindle unlimited y tapa blanda) o bajo encargo y pago por paypal. 





—Amazon 


—Por encargo, haciéndome llegar nombre y dirección completa (solo península) al siguiente mail (miprimeramor@gmail.com) y realizando pago por paypal (13 euros) en la cuenta  PayPal.Me/fercereto


¡Hasta pronto y se aceptan consejos!






El miedo a decir... ¡A maquetar!

Escribir un libro es relativamente fácil para los que nos gusta contarle, con más o menos gracia, historias a un papel en blanco. Te sient...